Reseña histórica de

La Fundación Paicaví

Todos aquellos que nos decimos cristianos creemos que la vida no comienza con el nacimiento, sino que todo tiene su génesis, su gestación… ese momento preciso de la fecundación, y como bien sabemos: nada, ni nadie puede trascender verdaderamente si no reconoce y acepta sus orígenes.
Es así como la semilla cae en tierra fértil, en la mente y en el corazón de tres personas, Amelia Rosales de Buin, Lucía Olea de Santiago y Rodemil Pérez de Fresia. Los tres compartían los ideales del movimiento scout, siendo justamente su espíritu de servicio y la voluntad de Dios lo que los reuniera en un mismo lugar de trabajo…un hogar de menores en la X Región. Nadie podía imaginar en ese entonces que, a muchos kilómetros al norte, en el pueblo de Buin, años más tarde sus mejores sueños se convertirían en realidad.

Pero volvamos a la X Región, en forma sorpresiva el hogar de menores de Ensenada cierra: varios niños quedan sin casa y nuestros protagonistas sin trabajo; sin duda fueron momentos de gran incertidumbre y de dolor. Entonces, una de esas noches lluviosas de invierno, al calor de una cocina a leña, Amelia, Lucía y Rodemil, amasaban la idea de un hogar de menores diferente a lo que se conocía en Chile hasta la década de los ochenta… un lugar de unión donde los predilectos de Jesús, pudiesen crecer en un ambiente de paz, seguridad y mucho afecto. De aquí deriva el nombre de nuestra fundación…”PAICAVÍ” que en legua nativa significa “junta de paz” o “estar juntos en paz…”.

Entusiasmados con la idea, pero sin nada más que ideas… y mucho corazón, llegaron a Buin con su proyecto bajo el brazo, decididos a hacer realidad este sueño. Comenzaron haciendo encuestas en varias poblaciones de la comuna para determinar la real necesidad de un hogar de menores. Los datos de esta encuesta “artesanal” no se reconocen como oficiales por las autoridades de la época. Sin embargo, el resultado fue sorpresivo y categórico… la población infantil más vulnerable de la comuna no eran niños, sino niñas… ahora “solamente” faltaba buscar un lugar adecuado…

La perseverancia y la divina providencia han estado presente en la vida de la fundación desde siempre…así fue como llegaron hasta la antigua casaquinta de adobe y tejas, ubicada en calle Molina 623 en Maipo, de propiedad de don Ginno, un conocido comerciante italiano, quien esperó pacientemente el justo pago por ella, es precisamente la señora Gabriela Cornejo, madre de Amelia Rosales, quien logra que la propiedad no fuera vendida a otros interesados gracias a la vieja mistad que los unía. Los recursos llegaron desde Alemania, a través de la gran generosidad de don Heiner Hunsincker quien conoció y creyó en el proyecto desde el comienzo, lo que permitió finalmente comprar la casa, donde hasta hoy funciona el Hogar de Niñas Quillahua, que significa “lugar de ayuda mutua”. Tal vez el signo más claro de la presencia amorosa de Dios en esta institución sea el hecho que las primeras seis niñas en ingresar, lo hicieron el 24 de Diciembre del año 1987…sí… pareciera ser que fue el propio niño Jesús quien eligió nacer en Maipo en esa Nochebuena, en el corazón asustado de esas niñas y en el de los que decidieron jugársela por verlas sonreír al ofrecerles un lugar digno para vivir.

Junto a la tarea de procurar los alimentos y cubrir las necesidades básicas había que dar forma legal a la institución. Se redactaron los Estatutos de la Fundación con el objetivo de obtener la Personalidad Jurídica, que requirió como primer paso la constitución del primer Consejo Directivo de la Fundación. Esta histórica sesión se realizó en el patio de la casaquinta, bajo un caqui y sobre una añosa puerta de madera, que sirvió de mesa. En esta sesión se eligió presidenta en forma unánime a la señora Mónica Peña Pontillo, connotada educadora de la comuna de Buin. Dos años más tarde, la Fundación Paicaví obtiene su Personalidad Jurídica por Decreto Nº 742 del 13 de julio de 1989. Pocos meses después, Lucía Olea es repentinamente llamada al “Hogar” de nuestro buen Padre-Dios, seguramente para recompensarla por su gran corazón y entrega hacia los más necesitados. Sentimos que ella siempre ha estado junto a nosotros y que cada día intercede por el bien de todas las niñas del hogar.
Por ese tiempo se acerca a la fundación un religioso holandés que hablaba un español bastante extraño. Era el hermano Teobaldo de Bresser, más conocido como “Teo”, quien pertenecía a la congregación holandesa de la Inmaculada Concepción, que tanto bien aportó a la educación de la zona de Buin. Teo llevó todo su espíritu evangélico y su trabajo incansable al Hogar Quillahua, para beneficio de las niñas y de todas las personas que trabajaban en él. Teo también ha sido llamado por el Padre a dar cuenta de sus talentos, que con tanta generosidad puso al servicio de su prójimo.
Gracias al Hermano Teo conocimos a personas muy especiales de los países bajos, como lo fue el Padre Jan Sanders, sacerdote jesuita, quien logra financiar la reconstrucción del Hogar Quillahua antes de su partida al cielo. Luego conocimos la generosidad de un industrial holandés llamado Martín Frankort, quien financia la construcción del pabellón para las adolescentes del Hogar y lleva su nombre y las piezas de las niñas el nombre de cada una de sus hijas como un gesto de gratitud. Pero el Hermano Teo además nos legó un grupo de personas de Holanda encabezada por la señora Cathatarina Stolwijk que hasta hoy día han ayudado al acondicionamiento de la dependencia del Hogar de las niñas; baños, cocina, oficinas entre otras tantas reparaciones.
Desde nuestros orígenes y hasta la actualidad hemos sido bendecidos con un grupo de colaboradores y amigos del hogar, que de distintas maneras aportan al bienestar de nuestras niñas.
El año 2004 la Fundación emprende un nuevo desafío. Se trata del Centro de Restitución de Derechos “Hare-Poki”, que significa “casa entretenida de niños”. La idea fue iniciativa de la Red de Acción Frente al Maltrato Infantil de Buin y Paine integrada por más de 28 instituciones de la comuna de Buin, encabezada por el Dr. Omar Jara y su objetivo obviamente era ofrecer apoyo sicosocial y jurídico a niños y jóvenes de la provincia del Maipo. Posteriormente, nuestra fundación se hace cargo completamente de este proyecto. El centro comienza a funcionar en dependencias del Hogar Quillahua, pero debido a los buenos resultados y al aumento sostenido de la demanda por atención, se hace urgente contar con un lugar independiente y adecuado para ofrecer un buen servicio en la recuperación de casos graves de maltrato.
Nuevamente contamos con el trabajo comprometido de muchas personas y con la generosidad de otras. Entonces, los sueños se convierten en realidad. Es así como a fines del año 2010 se termina de construir un nuevo edificio que cuenta con todas las instalaciones necesarias y especialmente diseñado para cumplir con sus fines… este nuevo sueño se cristalizará gracias a la generosidad de “Fluor” una importante empresa multinacional.
En el año 2015, a raíz de la alta demanda por atención especializada la Fundación Paicaví decide abrir un segundo Centro de Restitución de Derecho “Peumayen” (lugar soñado) en la ciudad Buin, en donde se atienden 100 niños y jóvenes de la zona.
Estos proyectos existen y se sustentan gracias al sueño de nuestros fundadores y especialmente al compromiso y entrega de cada una de las tías que han trabajado o trabajan cada día con nuestras niñas. Contando con el apoyo de un equipo profesional conformado por asistentes sociales, psicólogas, psicopedagogas y personal administrativo y auxiliar. Las personas encargadas de dirigir todos estos esfuerzos fueron la señora María Paz Hasbún actual directora del Hogar Quillahua la señora María Lidia Massardo González Ex directora del Centro de Restitución de Derechos Hare-Poki y la señora Karen Barra Valdivia, ex directora del Centro de Restitución de Derechos Peumayén.
En el año 2019 lamentamos la pérdida de los centros de reparación Hare Poki y Peumayén producto de un proceso de licitación, que a pesar de las excelentes evaluaciones de los proyectos, ambos fueron adjudicadas a otras instituciones. Como institución sentimos profundamente esta pérdida en especial por el trabajo realizado con los jóvenes y niños de la comuna. Para nosotros resulta difícil dejar de contar con un grupo de excelentes profesionales, que demostraron siempre un alto nivel de compromiso con su trabajo en general y con los niños y niñas a su cargo en particular.
Para todos ellos nuestro reconocimiento y agradecimiento público por la labor realizada por tantos años en nuestra fundación Paicaví.

¡El amor brota ahí,…donde se planta!